Noviembre 2017


09/11/2017

NOTICIA. El 08/11/2017, el Ejército Árabe Sirio y sus aliados liberaron Abukamal, la última urbe bajo el control del Estado Islámico en territorio sirio. (Ver nota al pie del artículo).

Comentario

Siria - Irak. El encuentro de la victoria

La recuperación de Abukamal del dominio del Estado Islámico ha venido siendo para el gobierno sirio un hito porque se trataba de la última ciudad importante que estaba bajo el control de esta organización terrorista.
El 5 de septiembre el Ejército árabe sirio rompió el bloqueo de Deir Ezzor que el Estado Islámico había sometido al centro de la ciudad durante tres años. El 10 de septiembre las fuerzas gubernamentales rompieron la resistencia del Estado Islámico en el Sur de Deir Ezzor. El 3 de noviembre el Mando militar sirio anunció la completa liberación de Deir Ezzor, y por fin, el 08/11/2017, con la toma por el ejército sirio y sus aliados de Abukamal, se pone fin al dominio del Estado Islámico en todas las ciudades de relevancia en Siria. 

Fuente: Google Earth. Elaboración propia
La liberación de Abukamal ciudad fronteriza con Irak ha coincidido con la progresiva expulsión por parte del ejército iraquí de los combatientes del Estado Islámico de Al-Kaim, ciudad iraquí fronteriza con Siria a una distancia de 20 kilómetros de Abukamal por la carretera que bordea la ribera occidental del río Éufrates. La coordinación de ambas ofensivas por el Este y el Oeste había dejado embolsado a los combatientes del Estado Islámico en un área de 200 km2.
La colaboración de las fuerzas iraquíes y Sirias fue confirmada por el mando sirio tras la toma de Abukamal que reveló que en las operaciones para liberar la ciudad habían participado el ejército iraquí y las fuerzas populares iraquíes Al-Hashad Al-Shabi.
Abukamal, simbólicamente ha representado el encuentro de la victoria de Irak y Siria sobre una de las organizaciones más crueles y totalitarias que ha conocido la humanidad.

Fuente: Google Earth. Elaboración propia
Paradójicamente, la victoria del ejército sirio y el ejército iraquí que han desalojado al Estado Islámico de todas la zonas urbanas de Siria e Irak, no ha sido motivo de alegría en los países de la OTAN, cuyos medios de comunicación han obviado este importante paso contra el Estado Islámico a pesar de considerarlo como su principal enemigo en numerosas ocasiones.
Este silencio, pone de manifiesto la hipocresía de los países de Occidente junto con la monarquías árabes e Israel quienes no pueden ya ocultar que les preocupa más el avance del ejército sirio y sus aliados que la derrota definitiva de esta organización terrorista. Israel no ha ocultado su desagrado con los avances del gobierno sirio contra el Estado Islámico pues teme que la liberación de la carretera que une Irak con Siria a través de Al-Kaim (Irak) y Abukamal (Siria) deje expedita la conexión logística desde Irán hasta el Mediterráneo lo que va a permitir un fortalecimiento de las capacidades militares regionales de Irak y Siria y una vía para su recuperación económica, lo cual va en contra de la estrategia de Israel de mantener a estas dos naciones sumidas en el caos para disponer de un mayor dominio en la región.
Los ataques aéreos de la ilegal "coalición internacional" liderada por EEUU en Siria, solamente han sido efectivos contra el Estado Islámico cuando se trataba de posibilitar el avance del nuevo aliado de EEUU en Siria, las FDS, formadas por una alianza de combatientes árabes y kurdos que ocupan un amplio territorio en el Noreste de Siria, pero esta coalición no ha dudado en favorer el desplazamiento de los combatientes jihadistas a la línea de combates contra el ejército sirio. En octubre las FDS, con la ayuda aérea de la "coalición internacional", tomaron el control de la ciudad de Al-Raqa (Norte), y en la actualidad tras la reconquista por el ejército sirio y sus aliados de Deir Ezzor y Abukamal, las fuerzas sirias están estacionadas en la parte occidental del Éufrates, Mientras que las FDS se concentran en la parte oriental de este río.
Con la toma de Abukamal, por parte del ejército sirio  la presencia del Estado Islámico en Siria  ha quedado limitada a unas escasas zonas rurales de la provincia de Deir Ezzor. Ahora se abre una nueva fase de la guerra en la que el Ejército sirio deberá centrar su atención en Idlib, último bastión de los grupos armados en Siria principalmente de la alianza terrorista Hayat Tahrir Al-Sham, liderada por el Frente Fath Al-Sham (antiguamente conocido como Frente Al-Nusra) vinculado a Al-Qaeda.
Por otra parte, en los territorios liberados del Estado Islámico por  los gobiernos Sirio e Iraquí y las FDS, se abre una etapa de consolidación civil y militar de su victoria y de recuperación de las infraestructuras, que en el caso de Siria están enormemente resentidas, no solo por los efectos de la guerra, sino porque la acción militar de la "coalición internacional" en Siria ha estado orientada a la destrucción de infraestructuras vitales como puentes y vías de comunicación, con el propósito de arruinar económicamente este país como parte de su estrategia neocolonial para intentar derrocar al gobierno sirio.
Tanto a las FDS como al gobierno sirio les interesa llegar a un acuerdo político que garantice la paz en Siria, pero  el gobierno sirio está firmemente determinado a preservar la unidad territorial de Siria, de tal manera que Al-Raqa bajo el control de las FDS la considera todavía “ocupada”.
Sin embargo, a las fuerzas de la OTAN, las monarquías árabes e Israel no les interesa que termine la guerra en Siria y, ahora, derrotado el Estado Islámico, la fuerza más importante para continuar la desestabilización son las FDS. El hecho de si esta organización es un instrumento títere de EEUU, o actúa con criterio propio pensando en los intereses nacionales de Siria, se comprobará en las próximas semanas o meses, en los que se verá si optan por el camino de la reconciliación nacional propuesto por el gobierno sirio bajo el principio de mantener la unidad territorial de Siria o, si por el contrario, siguiendo los dictados de sus mentores extranjeros se adentra en el camino de la guerra.
Turquía ha sido el gran perdedor de la guerra en Siria. Sus intrigas para derrocar al gobierno sirio en estos últimos años le llevaría a facilitar el tránsito fronterizo de jihadistas venidos de diferentes países a Siria para luchar contra el gobierno sirio, pero las sucesivas victorias del ejército sirio con la ayuda de las fuerzas aéreo-espaciales de Rusia presentes en Siria a petición del legítimo gobierno de Siria para combatir a los grupos jihadistas, han terminado hundiendo todos sus proyectos de restaurar la antigua influencia del imperio otomano en Siria, por otra parte, el objetivo de impedir que las fuerzas kurdas se organizasen en Siria, también ha fracasado debido a la alianza de EEUU con las FDS.
La ambición de Recep Tayyip Erdoğan de convertirse en el líder regional por encima de EEUU, Francia y Gran Bretaña que le llevaría en contra de la opinión de estas naciones a restaurar sus relaciones con Moscú terminaría en un intento de golpe de Estado en julio del 2016 para derrocarlo y asesinarlo.
Tras el fallido golpe de Estado la desconfianza de Erdoğan con sus aliados de la OTAN aumentó iniciando un progresivo acercamiento a Rusia, y en la actualidad, tendrá que colaborar con esta nación e Irán si quiere evitar que EEUU instrumentalice a las FDS para dividir Siria en su aspiración de controlar un corredor terrestre desde el golfo pérsico hasta el Mediterráneo a través de los territorios kurdos.
En este proceso de intervención militar de los países de la OTAN en Siria, el papel de los funcionarios de la ONU ha sido y está siendo vergonzante, ignorando en todo momento la ilegalidad de la presencia en Siria de la denominada "coalición internacional" formada por los países de la OTAN y las monarquías árabes, por no tener ni la autorización del legítimo gobierno sirio ni del CSNU, lo cual contradice lo estipulado en su carta fundacional, que requiere de uno de estos dos requisitos para la intervención armada de un país en otro.
El triunfo de la soberanía y la unidad territorial de Siria, cuestiones recogidas expresamente en la resolución 2254 aprobada por el (CSNU) el 18/12/2015, fortalece la legalidad internacional y la desestabilización regional los debilita. Los cambios que ha experimentado la relación de las fuerzas enfrentadas en Siria debido al sacrificio del pueblo y el ejército sirio y de sus aliados, han creado las bases para que la soberanía de Siria a pesar de los intentos de fracturarla salga invicta, y a su vez está siendo una valiosa contribución a los principios de la ONU de respeto entre naciones, frente a las pretensiones neocoloniales occidentales.

Nota posterior.  El 19/11/2017, terminó definitivamente la liberación de la ciudad de  Abukamal por el Ejército Árabe Sirio. En los días posteriores a la toma de la ciudad el 08/11/2017, el Estado Islámico lanzó una contraofensiva que les permitió recuperar varios barrios de la ciudad. La expulsión definitiva del Estado Islámico de Abukamal, coincide a su vez con la reciente liberación en Irak por el Ejército Iraquí de la ciudad de Rawa, próxima a Al-Kaim en la ribera del río Éufrates.
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01/11/2017

NOTICIA. El 7 de noviembre del 2017 se cumple el centenario de la Revolución Rusa

Comentario

Cien años después. El legado de la Revolución Rusa

El 7/11/2017 en el calendario gregoriano occidental se cumple el centenario de la Revolución de Octubre (25 de octubre según el calendario juliano en vigor en la Rusia de 1917). Cien años después, los ecos de la Revolución de Octubre parecen olvidados en el tiempo, sin embargo, desde esa fecha la historia no solo de Rusia sino de toda la humanidad ha estado profundamente marcada por su legado.
La historia contemporánea universal ha tenido tres grandes hitos o precedentes sobre los que han descanso las transformaciones políticas más importantes del mundo contemporáneo: 1. la Revolución por la Independencia de las trece colonias británicas americanas que dio lugar el cuatro de julio de 1776 a la primera nación moderna, Los Estados Unidos de América; 2. la Revolución Francesa de 1789 que abolió el Estado de Antiguo Régimen basado en la soberanía absoluta del Rey sustituyéndolo por la soberanía popular, y 3. la Revolución Rusa de 1917 que estableció la paz con Alemania, y abolió la propiedad de la burguesía dándole el poder de gestión económica al pueblo a través de los consejos o Soviets de obreros y campesinos.

La revolución de EEUU, marcaría la impronta de la independencia a lo largo del siglo XIX a todas las naciones del continente americano. La revolución francesa fraguó los ideales que desencadenarían también en el siglo XIX, la ola de revoluciones liberales en toda Europa. La revolución rusa de Octubre abriría en la primera mitad del siglo XX un proceso de movimientos obreros y populares por la conquista de un Estado al servicio de los derechos económicos y sociales de las clases trabajadoras.
Los movimientos políticos liberales hicieron de la "Libertad" su bandera, y los movimientos obreros lo hicieron de la Justicia social. Los Liberales y Socialistas competirían entre si por el poder político en las respectivas naciones. En este proceso el movimiento socialista se dividiría en la consideración de como alcanzar el poder del Estado, dando lugar al movimiento socialdemócrata y el movimiento comunista. Mientras la socialdemocracia consideraba que el poder político del Estado para llevar a cabo las transformaciones económicas y sociales, debía alcanzarse exclusivamente por vía electoral, para el movimiento comunista tal cuestión era insuficiente porque el poder armado del Estado servía a los intereses de los grandes propietarios y, por ello, se precisaba sustituir las fuerzas armadas y de funcionarios del viejo Estado por otras de carácter revolucionario.

Esa visión es lo que impulsaría al partido Bolchevique liderado por Lenin a la toma del Estado por la fuerza de las armas en un momento histórico crucial para Rusia. En 1917 tras tres años de participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial el país se encontraba militar y económicamente agotado y el descontento de la población con la monarquía Zarista de Nicolás II y del gobierno provisional mayoritario en la Duma (parlamento) partidario de continuar la guerra contra Alemania iba en aumento. El eje central del programa de los bolcheviques era alcanzar la paz y para llevar a afecto ese propósito se precisaba poner fin a la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial firmando la paz con Alemania. El 25 de octubre (calendario juliano) de 1917 los bolcheviques a través del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado llevarían a cabo el derrocamiento del gobierno provisional y una vez tomado el poder unos meses más tarde, en marzo de 1918, firmarían la paz con Alemania en el Tratado de Brest-Litovsk.
Con posterioridad, las tesis de Lenin de que el poder político utilizado para la expropiación de las grandes propiedades habría que defenderlo con la fuerza de las armas se cumplirían. Los grandes oligarcas y terratenientes rusos con el apoyo de las grandes potencias del momento formarían un ejército e iniciarían la guerra contra los bolcheviques, lo que llevaría a una guerra civil en toda Rusia entre la facción "roja" (bolchevique) y "blanca" (antibolcheviques), al término de la misma los bolcheviques salieron victoriosos. De esta manera, la Revolución rusa abrió el camino para la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922.
El triunfo de la revolución soviética, como la hiciera la francesa de 1789, acabó con el Antiguo Régimen feudal encarnado en Rusia en la figura del Zar Nicolás II, y se comprometió con un programa de industrialización forzada que cambio radicalmente el modo de vida de los Mujiks (campesinos) siendo redimidos de su condición de siervos sujetos a la tierra de los terratenientes que a pesar de la abolición formal de la condición de siervos en 1861 por el Zar Alejandro II, seguían de echo en las mismas condiciones. La forma autoritaria de llevar adelante la industrialización crearía tensiones en el seno de la revolución Rusa. La disidencia política fue elevada bajo a Stalin a la categoría de traición, siendo perseguidas, ejecutadas y encarceladas cientos de miles de personas. La dictadura del proletariado, entendida por Lenin como la represión selectiva contra quienes querían subvertir el poder de los soviets, fue transformada en un régimen dictatorial brutal bajo Stalin.
Rusia ya había tenido en otros momentos de su historia dirigentes autoritarios, y en la Rusia profunda existía cierta admiración por los dirigentes fuertes e inflexibles bien para defender la patria como en Alejandro Nevski (1220-1263), o para luchar contra los intereses de los boyardos (terratenientes) en Iván el Terrible (1547-1584). Ambos personajes serían ensalzados en ambas películas del prestigioso director de cine ruso Serguéi Eisenstein (1898-1948), en 1938 la primera y en 1940 la segunda, en un momento crucial para Rusia ante el auge y la amenaza de la Alemania nazi.
Esta Rusia profunda unida en defensa de la patria bajo la dirección de líderes fuertes, ha sido una constante de la formación del alma rusa, y es la que se convirtió en el arma más poderosa y temible frente a la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial. La lucha sin piedad contra el invasor rememoraba a Alejandro Nevski en su lucha contra los caballeros teutones, y la dirección de la misma bajo el implacable liderazgo de Stalin, evocaba la fortaleza de Iván el Terrible. La Gran Guerra Patria en defensa de Rusia llevada a cabo bajo ese espíritu de lucha fue la tumba del nazismo.
Después de la formación de la URSS en 1922, la influencia de la revolución rusa acrecentó el movimiento comunista internacional. Se formarían partidos comunistas en la mayoría de las naciones existentes en la primera mitad del siglo XX. La influencia comunista ya no solo preocupaba a las oligarquías locales sino que se planteó a los poderes fácticos económicos del capitalismo global como un desafío mundial a sus intereses.
La crisis económica de 1929, dejaría a las democracias liberales en Europa enormemente debilitadas, pues se demostraba que las mismas eran incapaces de solucionar las consecuencias sociales de la crisis económica, como el desempleo y la precariedad alimentaria. En respuesta a esa debilidad, los partidos comunistas ganaban en popularidad, pero en el extremo opuesto un gran rival les disputaría su influencia: el fascismo, en el cual los poderes fácticos financieros y militares de las potencias del eje: Alemania; Italia y Japón, verían un aliado.
En 1936, en España tras el triunfo del Frente Popular, se viviría una situación en la que, confirmando las tesis de Lenin, la victoria en la urnas no resultó suficiente para que el Estado llevase adelante las reformas prometidas de redistribución de la riqueza. El programa del Frente Popular tendría su contestación en la sublevación armada contra la II República al mando del General Franco apoyada por los grandes terratenientes y el poder de la Iglesia Católica, desencadenándose una cruenta guerra civil durante tres años, sin embargo, en España, a diferencia de Rusia, la contrarrevolución franquista sería la que ganaría la guerra e impondría con posterioridad una dictadura de corte fascista. El fascismo desde sus inicios pretendió acabar con las democracias liberales y con la URSS lo que llevaría a la Segunda Guerra Mundial, pero la alianza de comunistas y liberales permitió su derrota en 1945, excepto en España que perduraría en forma de dictadura presidida por el General Franco durante cuarenta años.
El triunfo de la URSS frente al fascismo, el auge del movimiento comunista en Asia y la importancia de los partidos comunistas en Francia e Italia, haría de nuevo considerar a los poderes financieros y militares occidentales, al movimiento comunista como un reto global a la propia existencia del capitalismo, lo cual daría lugar a la Guerra Fría que tuvo su inicio más dramático en la guerra de Corea (1951-1953).
Durante la Guerra Fría la confrontación entre comunismo y liberalismo sería el eje de la política mundial. En Asia tuvo su máxima expresión en la guerra de Vietnam desatada por EEUU contra ese país. En Europa la fortaleza de los partidos comunistas fue limitada por las concesiones de los poderes económicos liberales a las clases trabajadoras con la creación del Estado del Bienestar, en ese contexto los partidos socialdemócratas fueron desplazando a los partidos comunistas hasta quedar estos reducidos a pequeños grupos políticos. En América Latina, el recurso a los golpes de Estado militares para impedir cualquier cambio político mediante el voto popular,  fue predominante en ese periodo, siendo uno de los más cruentos el llevado a cabo en Chile en 1973; en contraposición, la tesis de la toma del poder por la fuerza de las armas daría lugar a un movimiento guerrillero, que tendría éxito en Cuba en 1959 y en Nicaragua en 1979.
En Rusia, tras el triunfo soviético sobre el nazismo, el liderazgo de Stalin no se cuestionaba y así fue hasta su muerte en 1953. Lo nuevos dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) que le sucederían se encontrarían inmersos ya en la Guerra Fría.
La globalidad del enfrentamiento con las potencias liberales llevaría a entender a los dirigentes soviéticos que la propia supervivencia de la URSS estaba estrechamente ligada a la exportación de la revolución soviética a otros países del mundo, pero la forma en la que entendieron la extensión de la revolución, sería la que les llevaría a apartarse de los valores internacionalistas de entendimiento y respeto entre naciones en pie de igualdad, y el sesgo de la vieja Rusia imperial volvería de nuevo a instalarse en el Kremlin.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los países del Este de Europa ocupados por el ejército soviético debieran haber recobrado su soberanía plena y el ejército soviético retirado de los mismos, pero no fue así. Las naciones bajo su influencia pasaron a ser tuteladas, y la exportación de la revolución se convertiría en un instrumento para su expansión imperial en áreas de influencia dirigidas desde Moscú. Con los nuevos dirigentes comunistas, la URSS se transformaría en el Imperio Soviético que aspiraba a la hegemonía mundial dirigida desde Moscú.
En los países bajo la influencia de Moscú comenzarían a surgir movimientos políticos que irían protagonizando una oposición creciente a la tutela soviética, que era sistemáticamente reprimida por las autoridades soviéticas. En 1968 los tanques del Pacto de Varsovia tomarían Praga, capital de la antigua Checoslovaquia  para acallar las protestas, pero sin lugar a dudas el mayor golpe que sufriría la URSS debido a sus ambiciones imperialistas sería la pérdida de confianza de las autoridades Chinas con Moscú.
La ayuda que la URSS prestaría a China tras la proclamación de la República Popular China en 1949, terminaría convirtiéndose en una peaje para lograr la subordinación política de los revolucionarios chinos a los dirigentes soviéticos quienes aspiraban a dirigir a China como un área de influencia desde el Kremlin. Los dirigentes chinos muy celosos de su Soberanía rechazarían esa tutela, reflejada en la frase de Mao Zedong: China no expulsó al león por la puerta, (refiriéndose a los japoneses) para dejar que entre el tigre por la ventana (refiriéndose a Rusia).
Las diferencias entre ambas naciones iniciadas a finales de los años cincuenta durarían hasta el final de la URSS en 1991. En ese periodo Rusia y China llegaron a enfrentarse en una guerra fronteriza en 1969. Fueron estas diferencias las que propiciarían un acercamiento entre China y EEUU. En 1972 el presidente estadounidense Richard Nixon visitaría China, y en 1979 se restablecerían las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Dentro de la URSS, comenzarían a gestarse también cambios profundos. El modelo estatal de gestión de la economía que había servido eficazmente para la planificación de las necesidades básicas como educación, vivienda y sanidad, no tenía la capacidad para planificar la diversidad de la demanda que unos ingresos medios permiten, pues mientras unos, por ejemplo, pueden estar interesados en utilizarlos para viajar, otros pueden hacerlo en adquirir diferentes objetos de consumo.
Esta contradicción estructural económica de una economía estatalizada solamente era posible resolverla con la introducción de la economía de mercado en los sectores económicos orientados al consumo los cuales se desarrollan en función de la diversidad de la demanda, pero no fue así, y como alternativa surgió una economía sumergida de productos de consumo controlada por mafias y funcionarios que fueron enriqueciéndose en la sombra y que aspiraban a que sus negocios fueran legales, lo cual cuestionaba la legalidad soviética de estatalización de todas las actividades económicas.
En las relaciones internacionales, la política imperialista de la URSS era insostenible política y económicamente como se vería en la guerra de Afganistán (1978-1992), pero sobre todo estaba creando más enemigos que amigos en el denominado "espacio socialista"; en el que al distanciamiento de China se sumaría  una creciente hostilidad de los países del este de Europa bajo la regencia del pacto de Varsovia.
La falta de imaginación y talento político de los dirigentes del PCUS para adecuar desde su ideario marxista la práctica política, iría sumiendo a la URSS en un caos de contradicciones. Esa falta de iniciativa política para abandonar en política exterior sus ambiciones hegemónicas, que se debía haber realizado ya en los años de posguerra permitiendo la autodeterminación de los países del Este de Europa y favoreciendo la reunificación de Alemania, y en política interior propiciando la apertura a una economía mixta socialista y de mercado, llegaría tarde y mal. Mijaíl Gorbachov el último secretario del PCUS, sería el último eslabón de la incompetencia política de los dirigentes de un partido que abandonaron progresivamente los valores de la revolución de octubre de igualdad entre las naciones y respeto a sus políticas internas para adentrarse en la creación de un imperio a través de la extensión de áreas de influencia regidas desde Moscú.
Vladímir Putin, actual presidente de Rusia, llegaría a afirmar que la desaparición de la URSS fue una de las mayores tragedias del siglo XX, aunque la tragedia no fue tanto su desaparición sino la forma en la que se produjo, en la que los oligarcas apátridas enriquecidos bajo la URSS terminaron imponiendo su agenda liberal, sumiendo a Rusia en los años noventa en una debilidad nacional e internacional extrema, cometiéndose en la apresurada transición política errores tan notables como el no haber firmado con la OTAN, un tratado sobre los límites de su expansión hacia el este, y ante la carencia del mismo, en la actualidad, la OTAN se sitúa en las fronteras de Rusia.
Afortunadamente, Rusia en la última década a vuelto a resurgir de sus cenizas. El pueblo ruso, de nuevo, ha sabido escoger a los dirigentes adecuados para situar a Rusia como una potencia mundial. Vladímir Putin encarna la sabiduría de lo que se debió hacer y no se hizo bajo la URSS, poner fin a la política imperial de áreas de influencia adhiriéndose al principio de respeto entre naciones y la defensa de la legalidad internacional, e internamente promover una economía basada en el control estatal de los principales recursos económicos y la introducción de la economía mercado en el resto de actividades económicas. Paradójicamente, se puede afirmar que Rusia en la actualidad, desde postulados ideológicos diferentes, está mas cerca de los valores de la revolución de octubre de buscar la paz entre naciones y la prosperidad ciudadana, que lo estuvieron sus dirigentes desde la muerte de Lenin.
Este cambio le ha permitido a Rusia restablecer las relaciones con China de forma preferente, y ampliar sus relaciones en Oriente Medio y América Latina, aunque tendrá que seguir sufriendo durante un periodo histórico las consecuencias de la nefasta política de la URSS en los países del Este Europa, que terminó con un alto grado de desconfianza hacia Moscú y de lo cual se aprovecha la OTAN para instrumentalizar estas naciones en contra de Rusia.

En este periplo de cien años, la otra gran nación que la revolución de Octubre marcó su devenir histórico ha sido China. En la primera mitad del siglo XX, el marxismo prendería en las mentes políticas más brillantes de China como la guía teórica e ideológica para la acción política y militar. El 23 de julio de 1921 en Shangai se fundaría en su Primer Congreso el Partido Comunista de China (PCCh). Mao Zedong, quien posteriormente se convertiría en su líder carismático,  asistiría al mismo a la edad de 27 años, en el que expresó su convicción de que "el marxismo salvará a China".
Para los comunistas chinos el Pensamiento Mao Zedong como versión del marxismo aplicado a las características de China, representaba la guía teórica más importante en la interpretación de las transformaciones sociales. El pensamiento Mao Zedong se fundamenta en la definición y análisis de la contradicción principal entre el objetivo político histórico a alcanzar  y la situación real social y política del momento que se vive.
Durante el periodo de la invasión japonesa de China, la contradicción principal se situaba "entre el objetivo de la recuperación de la soberanía de China y la lucha contra el invasor". Desde esa consideración Mao Zedong abogaría por la alianza con su enemigo interno en China, el Kuomintang, en un frente común contra los invasores japoneses. La alianza, con diversos desencuentros, terminaría formándose, y los comunistas Chinos en alianza con el Kuomintang expulsarían a los invasores japoneses de China.
Después de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el PCCh abogaría por una reconciliación con el Kuomintang respetando la influencia de ambos partidos para el establecimiento de una nueva república, sin embargo, el Kuomintang dirigido por Chiang Kai-shek desataría una guerra contra el PCCh. En ese momento la contradicción principal pasó a situarse entre "el objetivo de la toma del poder revolucionario y la contrarrevolución". Tras la victoria del PCCh con la derrota del Kuomintang, el PCCh integrado en el Frente Unido con otros pequeños partidos no comunistas, proclamaría en 1949 la actual República Popular de China.
Cuando los comunistas chinos tomaron el poder un 90% de la población era rural bajo un régimen feudal, en ese momento la contradicción principal se situó "entre el objetivo de la socialización de la tierra y la liquidación del feudalismo". Los grandes terratenientes fueron expropiados y se crearon comunas de gestión de la tierra.
Sin embargo, a finales de los años cincuenta, culminado el proceso de socialización de la tierra, los gobernantes chinos se enfrentarían al reto de la industrialización, en principio la contradicción principal se situaba "entre el atraso existente en materia industrial y el objetivo de alcanzar progresivamente la misma", pero al igual que sucediera en los primeros años de la URSS este objetivo se toparía con que los funcionarios experimentados pertenecían al viejo aparato del Estado del régimen anterior.
El desarrollo de una industrialización centralizada se presentaba como la opción más efectiva, sin embargo la dirección del PCCh no quería dejar en manos de la misma a los funcionarios no comprometidos con la revolución. En esa tesitura, dirigidos por Mao Zedong los comunistas chinos en 1959 desarrollarían la estrategia del Gran Salto Adelante, en la que se pretendía una industrialización descentralizada en la comunas populares, dejando de lado al viejo aparato del Estado. Esta visión entre industrialización descentralizada y centralizada que implicaba contar con los funcionarios del Antiguo Régimen llevaría a profundas diferencias en el seno del PCCh y abriría también profundas diferencias con los comunistas soviéticos quienes se negaron a participar en ese proyecto.
Los objetivos planteados en el Gran Salto Adelante no se cumplieron, principalmente porque la fabricación de acero en pequeños hornos artesanos resultó inviable. El fracaso del Gran Salto Adelante cuestionaría el liderazgo de Mao Zedong siendo apartado del poder político y nombrado como  nuevo presidente de la República Popular Liu Shaoqi, y como secretario general del Partido, Deng Xiaoping. Mao Zedong seguiría como presidente del partido y como presidente de la Comisión Militar Central y mantendría profundas diferencias con el nuevo gobierno en la forma de acometer la industrialización.
Mao Zedong había renunciado al modelo de industrialización descentralizada, pero no estaba de acuerdo en que la industrialización centralizada se realizase con los funcionarios del Viejo Régimen y bajo la tutela de los asesores de Moscú. Esto le llevaría desde el punto de vista teórico a definir que la contradicción principal no se situaba "entre atraso e industrialización", sino que el núcleo de la misma se situaba en quién lideraba la industrialización, si eran las viejas clases de funcionarios o eran unos nuevos funcionarios revolucionarios que debieran surgir una vez removidos los viejos de sus puestos, lo cual, durante un periodo previo a la tarea de acometer la industrialización, situaba la contradicción principal "en la lucha de clases y entre lo nuevo y lo viejo".
Mao desde su cargo de presidente de la Comisión Militar volvería a la presidencia de la nación e iniciaría apoyado en las jóvenes generaciones la Revolución Cultural (1966-1976) para remover de sus puestos a todos los viejos funcionarios del Antiguo Régimen, y a todos aquellos miembros del partido que no estuvieran de acuerdo conque la contradicción principal durante un periodo de tiempo era la lucha de clases, una decisión que afectó al propio Deng Xiaoping quién fue destinado a realizar trabajos manuales.
Las máxima formulada por Mao Zedong: "de qué sirve la industrialización si la misma restaura a las viejas clases reaccionarias en el poder", era una forma de ilustrar la contradicción principal durante el periodo de la Revolución Cultural.
Sin embargo, la Revolución Cultural sumiría a China en un caos social con movilizaciones de millones de personas en contra de las viejas clases sociales, cuyos miembros a pesar de ser profesionales cualificados eran destinados a trabajos manuales en zonas rurales apartadas. La avanzada edad de Mao Zedong le haría perder el control de los acontecimientos, y de facto China durante los últimos años de la revolución cultural estuvo regida por la sectaria y dogmática banda de los cuatro.
A la muerte de Mao Zedong en 1976, Deng Xiaoping iniciaría un movimiento político dentro del PCCh para remover a la banda de los cuatro de sus puestos. En 1979 Deng Xiaoping se convertiría en el líder del PCCh, y en 1982, inauguraría el XII Congreso del PCCh con el discurso "Abrir en toda la línea nuevas perspectivas para la modernización", en el mismo definiría la idea de construir el socialismo con características chinas, situando la contradicción principal "entre el atraso industrial y el desarrollo de las fuerzas productivas". El congreso realizó un balance negativo del caos que supuso la "revolución cultural", pero aunque ello fue así, la etapa de la industrialización pospuesta durante más de una década por la prioridad dada a la lucha de clases, se iniciaría de nuevo, pero esta vez al frente de la administración del Estado ya no estaban los funcionarios del Antiguo Régimen sino funcionarios comprometidos con la causa revolucionaria.
Deng Xiaoping sería el principal impulsor de las políticas para la resolución de la contradicción principal "entre atraso y desarrollo", combinando la economía planificada del Estado con la introducción de la economía de mercado en los sectores económicos de bienes y servicios. La frase atribuida a Deng Xiaoping, "no importa que el gato sea rojo o negro, sino lo importante es que cace ratones" expresaba la disposición de las autoridades chinas de incluir todas las formas de producción que impulsasen el desarrollo económico.
Desde los inicios de la década de los ochenta hasta la crisis económica del 2008, el PIB de China crecería a un promedio del 10% anual, convirtiéndose China en la denominada "fábrica del mundo de productos manufacturados". Este crecimiento económico permitió sacar de la pobreza a más de 500 millones de chinos, sin embargo, el desequilibrio en los ingresos también aumentó.
En el XVIII congreso del PCCh, celebrado en el año 2012, se perfilarían las políticas para alcanzar en el 2020 la meta de la construcción de una "sociedad modestamente acomodada", lo que supondría alcanzar una renta per cápita en torno a los 12.000$. Sin embargo, China se enfrentaría a un reto económico fundamental denominado como "la trampa de los ingresos medios", de la que muy pocos países en vías de desarrollo han salido. La misma se genera en economías dependientes tecnológicamente de los países desarrollados, lo que impide avanzar en las mejoras de la productividad técnica, quedando estos países atrapados en una competitividad global basada en salarios medios o bajos.
Este desafío, lo abordarían los dirigentes chinos dando inicio a un cambio radical de su modelo productivo apostando por la innovación tecnológica propia, la cual ha tenido importantes progresos, y está suponiendo que China mejore su productividad técnica y, con ello, que los salarios puedan crecer sin afectar a la competitividad global. La innovación orientada a la modernización del aparato productivo y a la creación de nuevos e innovadores productos en materia de consumo e infraestructuras, cobró un fuerte impulso desde el XVIII congreso del PCCh bajo el liderazgo de su secretario y presidente de la nación Xi Jinping.
Los comunistas chinos, con la convicción de que se han situado en la vía correcta para superar la trampa de los ingresos medios proyectando a China en el camino de la innovación, celebraron recientemente su XIX congreso con el propósito de iniciar una nueva etapa histórica para China. Los objetivos centenarios de alcanzar una sociedad modestamente acomodada para el centenario de la fundación del PCCh en el 2021, tiene su objetivo más importante en la erradicación total de la pobreza en China, en la que se encuentran todavía sumidos más de 40 millones de campesinos de regiones remotas. Con relación al centenario de la fundación de la República Popular de China en el 2049, cuyo objetivo es la formación de una sociedad socialista avanzada, se definieron dos etapas: una comprendida entre el 2021 y el 2035, con el objetivo de consolidar la sociedad modestamente acomodada y constituirse en una potencia mundial en innovación tecnológica, y una segunda etapa entre el 2035 y el 2049 para convertir a China en un país "próspero, fuerte, democrático, culturalmente y tecnológicamente avanzado y armonioso con la naturaleza ".
Este cambio cualitativo de la nueva etapa que deberá recorrer la sociedad china, llevaría al PCCh en su XIX congreso a un cambio de la contradicción principal que había permanecido en vigor durante 35 años "entre atraso y desarrollo de las fuerzas productivas", por una nueva contradicción principal  que sitúa a China "entre la creciente demanda del pueblo de una vida mejor y el desarrollo desequilibrado e insuficiente" y que constituirá la base sobre la que se desarrollarán las políticas y las estrategias a largo plazo de la nación, para su resolución.
El mérito teórico de haber situado a China en esta nueva senda del desarrollo ha sido atribuida por el PCCh principalmente a su Secretario General Xi Jinping, que ha tenido su reconocimiento expreso en una enmienda de los estatutos del PCCh en la que se afirma: "en consonancia del desarrollo de los tiempos y basándose en la combinación de la teoría y la práctica, los comunistas chinos, con el camarada Xi Jinping como su exponente principal, han dado forma al pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época". "Representando los últimos logros de la sinización del marxismo, la guía de acción para alcanzar la gran revitalización de la nación china".
En política exterior, según lo acordado en el XIX congreso, China seguirá guiándose como hasta ahora por los cinco principios de la coexistencia pacífica, basados en el respeto entre naciones; en ningún momento pretenderá la hegemonía bien sea regional o global; abogará por nuevos esfuerzos para el progreso de todo el género humano en una economía global abierta en comercio e inversión, y se esforzará por ser una fuerza positiva en el mantenimiento de las reglas internacionales.
Si se mira desde una perspectiva histórica, esta concepción de las relaciones entre naciones, es nítidamente opuesta a la que siguió la URSS después de la Segunda Guerra Mundial basada en pretender la hegemonía a través de extender sus áreas de influencia geopolítica regidas desde Moscú, y es muy similar a la política pacifista proclamada por los bolcheviques en la revolución de Octubre que traería la paz con Alemania y el fin de la Primera Guerra Mundial, y en la actualidad, es claramente opuesta a la que práctica EEUU y los países de la OTAN de intromisión en los asuntos internos de otras naciones,  a veces ilegalmente desde el punto de vista del derecho internacional, como lo hacen actualmente en el espacio aéreo de Siria bajo el nombre de Coalición Internacional.

Con la disolución de la URSS en 1991, la revolución de Octubre como método de cambio político y social dejó de tener vigencia, si bien los ideales de alcanzar la fraternidad de todo el género humano que movieron a sus protagonistas siguen vigentes. La ideología comunista pretende el logro de la fraternidad universal, pero la aspiración de alcanzar la misma no es patrimonio exclusivo de la ideología comunista, sino que forma parte de la esencia humana, y por ello, el objetivo de construir la felicidad social en la Tierra en armonía con el medio ambiente se fraguará desde diversas ideologías basadas en el respeto entre naciones y opuestas a todo tipo de hegemonía.

Octubre 2017


01/10/2017

NOTICIA. Los servicios de salud de Cataluña informaron a última hora del domingo 01/10/2017, que 761 personas habían sido atendidas en hospitales con dos heridos graves, después de que la policía trató de impedir la realización del referéndum de autodeterminación.

Comentario

La segunda transición española

El conflictivo 1 de octubre del 2017 del referéndum de autodeterminación convocado por el gobierno y el parlamento catalán en base a la pregunta: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?, terminó a las 20:20 horas después que la comisión electoral anunciará el cierre de las casillas de votación. La jornada se saldó con 761 votantes heridos por la represión de las fuerzas de seguridad del Estado español, de los cuales dos fueron de gravedad.
En su comparecencia ante los medios de comunicación el Gobierno Catalán a través de su Consejero de la Presidencia y Portavoz del Gobierno Jordi Turull i Negre, ofreció los datos del referéndum: "el ‘sí’ a la independencia ha ganado en el referéndum del domingo con un 90% de los 2.262.424 votos emitidos. El ‘no’ ha recogido 176.565 votos, un 7,8% ; 400 colegios de 770.000 votantes tuvieron que ser precintados por culpa de la violencia". El vicepresidente del Gobierno de Cataluña, Oriol Junqueras, expresaría que Cataluña “se ha ganado el derecho de ser una nueva república si así lo decide el Parlament”.
Por su parte, el presidente del gobierno español Mariano Rajoy, afirmó que la votación del 1 de octubre había sido una farsa, y que el Estado español actuó según la ley al requisar urnas y papeletas de votación y ordenar a la policía del Estado que impidiese la votación. La represión policial tuvo numerosas críticas de políticos de la UE, aunque los líderes de la comisión europea guardaron un incompresible silencio.
El gobierno Español, crítico a la policía autonómica catalana (Mossos d'Esquadra) por no haber colaborado con las fuerzas policiales del Estado, y siguió atrincherándose en la defensa de la legalidad vigente, un argumento cargado de hipocresía, pues las fuerzas políticas mayoritarias de ámbito Estatal, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) no han manifestado ningún interés en modificarla para adecuarla a la reivindicación catalana del derecho a decidir, cuando la misma es perfectamente modificable con el acuerdo de estos dos partidos mayoritarios en el parlamento español, como así lo hicieron en el año 2011, por exigencia de las autoridades de la UE, para cambiar el artículo 135 de la Constitución española en el plazo de una semana,​ estableciendo en el texto el concepto de estabilidad presupuestaria y que el pago de la deuda pública fuese lo primero a pagar frente a cualquier otro gasto del Estado en los presupuestos generales.
Al parecer para estos partidos, la legalidad constitucional vigente es sagrada cuando se trata de atender los reclamos de la mayoría del pueblo catalán, pero es rápidamente modificable cuando los reclamos los hace la Comisión Europea.
Tras el conflictivo 1 de octubre, el gobierno español trata de dar una imagen de normalidad a la opinión política internacional y a la población del Estado español, en la creencia de que pasado un tiempo la situación política en Cataluña volverá a ser la de antes del referéndum del 1  de octubre, sin ver o no querer ver que la determinación de las principales fuerzas políticas catalanas y el apoyo masivo de la ciudadanía a su derecho a decidir ha abierto un fractura irreversible en la constitución del 1978 surgida como resultado de la que se denominó la transición del régimen totalitario franquista a un régimen de partidos políticos, y de un estado centralista a una organización política autonómica.

Con el fin de ofrecer una perspectiva histórica del actual contencioso catalán, en el presente artículo se realiza una recapitulación de los conflictos históricos territoriales más relevantes de España.

Conflictos históricos más importantes entre el poder central español y las comunidades históricas de Navarra, Vascongadas y Cataluña

Los desencuentros entre el poder central español y las aspiraciones de autogobierno de las comunidades históricas de Navarra, Vascongadas y Cataluña, han sido una constante desde que los reyes de Castilla y Aragón a finales del siglo XV (conocidos como Los Reyes Católicos) decidieran unirse en un solo reino; bajo su reinado se puso fin a la presencia musulmana en la península ibérica tras la conquista del Reino de Granada (1492), año que por patrocinio de estos reyes se descubriría la primera ruta de Europa al continente que posteriormente se denominaría América, lo que le permitió al nuevo reino castellano-aragonés ampliar su área de influencia, la cual quedo formalmente establecida por el Tratado de Tordesillas (1494) que dividió las tierras conocidas de ultramar entre el reino de España y Portugal, dando inicio a la formación del imperio español que duraría hasta la independencia de las naciones americanas a lo largo del siglo XIX.
A principios del siglo XVI, con la llegada de la dinastía germánica de los Austrias a la corona española, su primer Rey, Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, adoptaría el título de emperador; los dominios bajo su regencia abarcarían gran parte de Europa y las Américas excepto Brasil que siguió perteneciendo al Reino de Portugal de acuerdo a los estipulado en el Tratado de Tordesillas.
La casa de los Austrias gobernaría el imperio español durante casi dos siglos hasta principios del siglo XVIII. En ese periodo, en el ámbito de la península ibérica, tras varias guerras el Reino de Navarra se uniría a Castilla (1512-1521); Portugal formaría parte de España durante el periodo de 1580 a 1640, y entre 1640 y 1652 Cataluña permanecería desconexionada del poder de los Austrias.
En el año 1700, tras la muerte de Carlos II sin dejar descendencia, la dinastía de los Borbones regente en Francia bajo Luis XIV aspiró a regir también los destinos del imperio español con la imposición de su candidato Felipe V, lo que desencadenaría unaguerra por la sucesión del trono entre la casa de los Austrias y los Borbones (1701 -1713).
La confrontación entre ambas dinastías se convertiría en una guerra europea y en el interior de España en una auténtica guerra civil entre la Corona de Aragón, partidaria de los Austrias, quienes habían ofrecido garantías de mantener el sistema "foral" en Aragón, y la Corona de Castilla, que había aceptado a Felipe V, cuya mentalidad era la de imponer un estado centralista comparable al modelo de Francia. Terminada la guerra, con la derrota de los Austrias, las leyes e instituciones propias de la Corona de Aragón fueron sustituidas por las "leyes de Castilla", en el Decreto de Nueva Planta de 1707 que puso fin a los reinos de Aragón y de Valencia; sólo las Provincias Vascongadas y Navarra mantuvieron sus leyes e instituciones forales al haberse mantenido fieles a la causa borbónica.
En el siglo XIX, la primera ola de las revoluciones liberales de 1830 llegaría a España. Tras la muerte del retrogrado Fernando VII, su hija Isabel sería nombrada heredera al trono de España apoyada por la clase política burguesa liberal partidaria de la desamortización de la tierra en poder de la Iglesia y nobles para que las mismas pudieran ser compradas y vendidas con arreglo a las leyes de mercado. El programa liberal conllevaría a su vez una centralización del Estado que implicaba la derogación de los derechos históricos forales que tenían Navarra y las Vascongadas como derecho histórico por su ayuda a la instauración de la dinastía borbónica en España en la guerra de sucesión de principios del siglo XVIII.
Esta pretensión del poder central liberal chocaría con los intereses de la clase política y propietaria de la tierra en Navarra y Vascongadas partidaria de mantener su estatus foral, teniendo sus reivindicaciones el apoyo de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido Fernando VII, quien a su vez representaba la continuación del régimen absolutista restaurado por su hermano Fernando VII tras la derrota napoleónica en 1815.
La confrontación entre los partidarios de Isabel (isabelinos) y de Carlos (Carlistas) desembocaría de nuevo en una confrontación armada. La primera guerra civil entre los carlistas y los defensores de Isabel II y de la regente María Cristina de Borbón, tendría lugar entre 1833 y 1840, en la que se conoce como la primera guerra carlista, a la que se sucedieron la segunda (1846-1849) y la tercera guerra carlista (1872-1876).
Tras la Primera Guerra Carlista el gobierno liberal no pudo suprimir los fueros de las Vascongadas y Navarra, ya que el convenio de Vergara (1839) obligaba al estado liberal a respetarlos. Tras la Tercera Guerra Carlista, en 1878 las provincias vasco-navarras concretaron su autonomía a través del llamado Concierto económico, el cual se sustenta en un acuerdo de partes por el que los impuestos son recaudados por las administraciones (gobiernos o diputaciones) de cada uno de los territorios históricos: Navarra; Guipuzkoa; Bizkaia, y Araba, acordando éstos con el Estado la parte que debe recibir como contribución de los servicios que el Estado presta a los territorios forales. Sin embargo, en esta prolongada contienda decimonónica, Cataluña continuaría sin conseguir ningún derecho para gestionar su economía regional.
Al final del siglo XIX, con la emergencia de la clases burguesas industriales en Vascongadas y Cataluña, que fueron las primeras regiones en España que despuntaron en el proceso industrializador, las aspiraciones de autogobierno territorial fueron ganando terreno. En Vascongadas el carlismo fue relegado por la ideología nacionalista liderada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), basada en una concepción del nacionalismo romántico decimonónico imperante entonces en Europa. Sin embargo, Navarra continuaría anclada en una economía rural de autoconsumo que mantendría inmovilizada la tradición carlista hasta mediados del siglo XX en el que Navarra comenzaría su industrialización.
En Cataluña al ritmo de la industrialización la floreciente burguesía abrazaría las reivindicaciones autonómicas y, en consonancia también con la corriente cultural decimonónica europea de buscar en la historia las raíces de la identidad nacional, hizo de la toma de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 por las tropas borbónicas, el día de su fiesta nacional (Diada), pues en la conmemoración de esa derrota subyace la reivindicación de una nación que fue oprimida y aspira a ser libre frente al Estado que les privo de sus derechos como nación.
Con el advenimiento de la II República española (1931), las reivindicaciones nacionalistas tanto vascas como catalanas cobrarían un nuevo impulso. La república reconocería la singularidad de los territorios vasco y catalán dotándoles de un estatuto político autonómico. No obstante, el alzamiento militar en 1936 contra la república liderado por el general Franco con el apoyo de las dos potencias fascistas en Europa: Alemania e Italia, daría lugar a una guerra civil que culminaría con el triunfo fascista en 1939, abriéndose un periodo de dictadura militar presidida por el General Franco.
Tras la victoria de las fuerzas franquistas, el País Vasco y Cataluña perderían todo rastro de autonomía como castigo por su posicionamiento a favor de la república. En el caso de Navarra, la cuestión sería diferente. Este territorio en 1936 seguía anclado en un modo de vida casi totalmente rural e ideológicamente la población se mantenía mayoritariamente apegada a la tradición carlista. La promesa por parte del mando franquista de que a Navarra se le respetaría sus fueros y Convenio Económico, y el temor de gran parte de la población de que la república pudiera atentar contra sus tradiciones culturales y religiosas, le llevaría a inclinarse por el bando franquista. Al término de la guerra civil Navarra mantendría sus derechos históricos forales y el Convenio Económico, mientras que las vascongadas por primera vez en siglos los perdería.
La dictadura franquista sobreviviría a los cambios históricos durante cuarenta años. Durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el franquismo a pesar de su lineamiento con las potencias fascistas del "eje" no participó directamente en la contienda, aunque apoyo de diversas maneras a la Alemania nazi. En 1945 con el triunfo de las fuerzas aliadas frente al fascismo el régimen franquista parecía tener los días contados. Tras la fundación de la ONU este organismo dictó un embargo de bienes y servicios a España, a la vez que se mantenía la amenaza de una invasión de las fuerzas aliadas para derrocar al último y único gobierno fascista existente tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Los temores por parte de las autoridades franquistas de sufrir una invasión les llevaría a levantar defensas por toda la frontera con Francia y a un aumento de la represión interna con fusilamientos masivos de presos republicanos. La década oscura de los cuarenta fue el periodo más siniestro y todavía muy poco conocido que vivió la España contemporánea.
En los años cincuenta la política mundial cambió. El inicio de la Guerra Fría entre EEUU y la URSS, le llevaría a EEUU a establecer una estrecha asociación con la dictadura franquista. Las autoridades franquistas permitieron la instalación de bases militares estadounidenses en territorio español, a la vez que las presiones internacionales de las democracias liberales occidentales contra el régimen franquista se suavizaron. Los avances económicos en la década de los sesenta le permitieron a España pasar de una economía autárquica y rural a una industrialización progresiva. En ese contexto la oposición al franquismo tanto interna como externamente era muy débil.

La transición del franquismo a la constitución de 1978

Sin embargo, la crisis económica de 1973 desencadenaría un cambio radical de la situación política. La naturaleza estanflacionaria de la crisis traería un frenazo al crecimiento económico y una inflación galopante que llegaría a situarse incluso por encima del 20% anual. El movimiento obrero pareció despertar de su letargo. La huelgas reivindicativas por temas económicos pronto se tradujeron en huelgas políticas en favor de las libertades civiles de asociación, huelga y manifestación, con principal incidencia en Madrid, Cataluña, País Vasco y paradójicamente Navarra cuya base social había experimentado un cambio profundo debido a la industrialización.
Las fuerzas nacionalistas de Cataluña y el País Vasco se sumarían a la lucha antifranquista bajo la bandera de recuperar sus derechos territoriales históricos. En 1975 moriría el dictador franco. Desde ese año hasta 1977 los políticos neofranquistas apostaron por una reforma de la dictadura, pero el movimiento político y popular abortaría tal reforma. En 1977 las principales fuerzas políticas de la oposición franquista llegarían a un consenso para redactar una nueva constitución que sería aprobada en 1978.
El consenso se fundamentó en: 1. la promulgación de una ley de amnistía que liberaba a los presos políticos antifranquistas pero a su vez establecía un punto final para que los crímenes de la dictadura no fueran investigados ni juzgados; 2. la restauración de la dinastía de los Borbones en la jefatura del Estado quedando limitadas sus funciones por la constitución; 3. La promulgación de un nuevo modelo territorial basado en la autonomía de las regiones, en el que el País Vasco recuperaba de nuevo sus derechos forales de Convenio Económico con el Estado, y 4. la legalización de los partidos políticos. La constitución de 1978 a pesar de algunas discrepancias entre las comunidades históricas y el Estado español ha venido siendo el marco de convivencia entre las diferentes comunidades españolas durante casi cuatro décadas.

La crisis del consenso de la constitución de 1978

La crisis económica del 2008 abriría fuertes fisuras en la relación del Estado Español con las dos nacionalidades de mayor raigambre histórica: Cataluña y País Vasco, pero particularmente con Cataluña debido a que, a diferencia del País Vasco y Navarra que disponen de competencias fiscales, Cataluña sigue dependiendo de los presupuestos generales del Estado. La necesidad de disponer de herramientas competenciales fiscales llevaría a una parte de la clase empresarial catalana a reivindicarlas, proponiendo a través del gobierno catalán un cambio en el estatuto catalán que devolviese a Cataluña sus derechos históricos económicos arrebatados por la dinastía borbónica en la guerra de Sucesión, pero el Estado español lejos de abrir una negociación ha venido planteando una lucha frontal contra las pretensiones de los partidos políticos catalanes.
El inmovilismo del derechista partido popular en el gobierno central y la indiferencia de la monarquía borbónica con las reivindicaciones nacionalistas llevaría en los últimos años al gobierno y a la mayoría del parlamento catalán formado por partidos nacionalistas a una deriva hacia el soberanismo.
La masiva movilización el día de la Díada del año 2012 marcaría un antes y un después en el devenir de Cataluña. La crisis económica y la frustración política y social ante un gobierno inmovilista negado a la negociación del estatus catalán, desvelaría, de nuevo, el pensamiento profundo catalán de pueblo sometido durante siglos que, a diferencia del pueblo de origen castellano español que ha forjado su idiosincrasia en base al pasado imperial de España y la visión centralista de sus gobernantes, la del pueblo catalán y vasco mantiene una percepción de pueblos sometidos a un poder central que históricamente los ha maltratado. De manera diferente, el pueblo castellano español, con la excepción del periodo de la ocupación napoleónica, nunca ha tenido la percepción de que la soberanía territorial estuviera en cuestión.
Esta diferente mentalidad forjada a lo largo de la historia se ha manifestado más acentuadamente en forma de confrontación en los momentos históricos en que las crisis económicas han agudizado las contradicciones de intereses con el poder central. La crisis de 1929, crearía las condiciones para que alumbrara la Segunda República y Cataluña fue la última región en rendirse a la fuerzas fascistas del general Franco. En 1973, la crisis económica acentuaría la crisis del franquismo y derivaría en la vigente constitución de 1978, en la misma el País Vasco mantendría una radicalidad mayor que Cataluña en la reivindicación de sus derechos históricos en materia fiscal a través de la figura del Convenio Económico. Cataluña accedió a la autonomía pero sus derechos históricos económicos quedaron relegados.
Sin embargo, ahora, es Cataluña la que ante la negativa del poder central y de la monarquía borbónica de devolverle sus derechos históricos se muestra decidida a forjar un destino como nación soberana dentro del marco de relaciones de la Unión Europea.

Hacia la segunda transición constitucional

En este conflicto entre Cataluña y el Gobierno Central español lo que ya es evidente que la profundidad del mismo ha deslegitimado la constitución de 1978. Los intentos del gobierno del PP de rendir a las fuerzas nacionalistas catalanas a través de un acoso político y mediático sistemático para que vuelvan al marco constitucional, difícilmente van a conseguir que ello ocurra, por muchas apelaciones a la aplicación de la legislación vigente.
La legalidad vigente a dejado de facto el 01/10/2017 fuera de la ley a la mayoría de un pueblo de más de siete millones de personas por el hecho de pretender manifestarse democráticamente y, en esta situación persistir en la solución del contencioso político catalán levantando la legalidad vigente como un arma de guerra, solo puede conseguir que la mayoría del pueblo catalán persista con mayor determinación en su aspiración soberanista y, que por el contrario, en el pueblo castellano español se destapen los sentimientos más anacrónicos de su pasado imperial y centralista, como ya sucedió a finales del siglo XIX cuando Cuba se proclamó independiente, y ahora sufre por las aspiraciones de autodeterminación del pueblo catalán.
La desactivación de esta creciente polarización solamente sería posible a través de un nuevo pacto constitucional diferente al que se alcanzó en 1978 entre el Estado Central y las comunidades históricas.
El nuevo pacto constitucional ya no puede sustentarse en la tradición liberal basada en un centro que otorga derechos o fueros a determinadas comunidades sino que tendría que fundamentarse en un pacto de partes asociadas en una misma nación según las leyes consensuadas entre las comunidades históricas y el Estado Central. El modelo del Reino Unido podría ser un ejemplo inspirador. En el año 2014 Escocia realizó un referéndum de autodeterminación sin que su ejercicio significara necesariamente la independencia, tal y como sucedió por el triunfo mayoritario de los que querían mantenerse en el marco del Reino Unido.
El 01/10/2017, España ha entrado en una segunda transición en la que debiera prevalecer la negociación para alcanzar un consenso entre las fuerzas políticas más importantes del Estado y de las nacionalidades históricas que de paso a una nueva constitución, en la que la unidad de España esté basada en el reconocimiento del derecho a decidir de las nacionalidades históricas.
En el caso de que las fuerzas políticas catalanas tomen el camino de una lucha política continuada basada en la movilización política contra la represión del gobierno del PP, la nueva transición política hacia un nuevo marco constitucional se tornará irreversible.
Por el momento, las instituciones de la UE están claramente del lado del gobierno español, pero con toda probabilidad, si la movilización política de la mayoría del pueblo catalán persevera durante un largo periodo de tiempo, las opiniones en favor de una salida negociada del conflicto catalán-español podrían prosperar, pues la UE no va admitir un conflicto político prolongado dentro de sus fronteras.
En el ámbito español las fuerzas políticas están sumidas en una visión cortoplacista del contencioso de Cataluña circunscrita a los sucesos cotidianos, sin que por el momento hayan incorporado como eje principal de su acción política establecer un nuevo pacto constitucional que permita un nuevo encaje histórico institucional del País Vasco y Cataluña, pero ello también podría cambiar si persiste la movilización política popular en Cataluña. En el caso de que se abordara la refundación constitucional, la cuestión procedimental de como se realiza este proceso es una cuestión fundamental. El procedimiento de la transición del franquismo iniciada con las elecciones de junio de 1977 a la asamblea constituyente que daría lugar a la constitución de 1978, es una referencia del camino a seguir.
Y, mientras no surjan iniciativas políticas en esa dirección, la tendencia centrífuga de las fuerzas políticas periféricas se irá acrecentando.

Septiembre 2017


05/09/2017

NOTICIA. El 05/09/2017, en  la ciudad de Xiamen, China, concluyó la IX Cumbre de los países BRICS

Comentario

El rumbo de los BRICS

En todo recorrido el destino final marca el rumbo principal, y el ritmo de la marcha determina el grado de avance hacia el destino.

Los BRICS, desde su constitución como reunión de las principales economías emergentes: Brasil en Latinoamérica; Rusia, India y China en el espacio euroasiático, y Sudáfrica en África, han ido transformándose de ser un foro de encuentro de estas naciones a la formación de un bloque con importantes conexiones político económicas.
El acrónimo BRIC fue utilizado por primera vez en el año 2003 por el Grupo Godman Sachs para definir a las cuatro potencias económicas emergentes: Brasil, Rusia, India, China. En el año 2009, los máximos representantes políticos de las naciones BRIC se reunieron por primera vez en Yekateronburg, Rusia, y desde entonces se han venido reuniendo en un encuentro anual: en el 2010 en Brasilia, Brasil; en 2011 en Sanya, China, en la cual se incorpora Sudáfrica, pasando a denominarse BRICS; 2012 en Nueva Delhi, India; 2013 en Durban, Sudáfrica; 2014 en Fortaleza, Brasil; 2015 en Ufa, Rusia; 2016 en Goa, India, y la última recién concluida en Xiamen China.
En todas la cumbres se irían estableciendo mecanismos de cooperación que tendría su resultado más notable en el año 2014 en la cumbre de Fortaleza en Brasil, en la que se acuerda el establecimiento de un Banco de Desarrollo con un desembolso inicial de 50.000 millones de dólares, de los que cada país aporta una quinta parte, y de un fondo de reserva dotado con 100.000 millones, de los que China aporta 41.000 millones; Rusia, Brasil e India 18.000 millones cada uno y Sudáfrica los 5.000 millones restantes, estando la entidad destinada a la financiación de proyectos de infraestructura de los países fundadores, pero también para ofrecer capital a otros países en vías de desarrollo.
Los BRICS agrupan al 44% de la población mundial, el 23% del PIB mundial y han contribuido a más de la mitad del crecimiento mundial en la última década, principalmente por los buenos resultados de la India y China, convirtiéndose en el principal motor de la economía mundial. Según un informe de Alibaba, uno de las mayores empresas de comercio electrónico de China, los BRICS sumaron el año 2016 1.460 millones de internautas y 720 millones de compradores en línea. Las ventas minoristas sobrepasaron los 876.000 millones de dólares, que representan el 47% del total global, cifra que se espera escale al 59% para el año 2022, dado el gran potencial que tienen estos cinco países en la cooperación relacionada con el comercio electrónico.
Sin embargo, la marcha de la economía global y particular de cada nación sigue dependiendo de dos proyectos globales que rigen el mundo, el más fuerte basado en la hegemonía y la excepcionalidad de las naciones que componen el G7 lideradas por EEUU para regir los asuntos económicos y financieros internacionales, y en la actualidad otro proyecto iniciado con el grupo BRICS, que progresivamente se abre paso basado en la colaboración política y económica de las potencias emergentes y de los países en desarrollo bajo las premisas de igualdad en las relaciones internacionales, no injerencia en los asuntos internos del otro, beneficio mutuo y desarrollo económico compartido.
Esta dualidad de proyectos, inexistente hace una década, por la preponderancia global de G7 y por la escasa articulación de las principales economías emergentes, en la actualidad se perfilan nítidamente. La crisis financiera del 2008 que ha ralentizado el crecimiento de las economías desarrolladas, y el auge principalmente de China en los últimos años en medio de un escenario mundial de bajo crecimiento económico, han permitido crear las condiciones para la progresiva consolidación del grupo BRICS.
La cumbre de Xiamen se ha celebrado con la voluntad de dar impulso a esta corriente global de naciones con la apertura hacia un BRICS plus con la participación de nuevas naciones. Un avance en esa dirección ha sido la reunión el 05/09/2017 en el marco de la cumbre de los BRICS, de los líderes de Egipto, México, Tayikistán, Guinea y Tailandia, sobre Mercados Emergentes y Países en Desarrollo, y el encuentro de más de 1.200 empresarios representantes de 600 empresas con proyección internacional.

La formación de una corriente económica y política bajo los postulados de los BRICS, es un proyecto civilizatorio nuevo en la historia de la humanidad desde que se iniciara en el siglo XVI el comercio marítimo de ultramar a escala global por las potencias europeas. Desde entonces y hasta la Segunda Guerra Mundial las relaciones internacionales estuvieron motivadas por la pugna de estas potencias por la hegemonía global y la colonización de territorios de ultramar.
España, Gran Bretaña, Francia, y Portugal, se disputarían el dominio del comercio y el sometimiento de territorios y poblaciones a escala global. España dominaría la actual América de habla hispana y Filipinas; Portugal tendría bajo su administración a Brasil y territorios en África y Asia; Gran Bretaña y Francia incorporarían grandes territorios en Asia y América del Norte.
Las rivalidades imperiales en suelo europeo por el control del centro del sistema mundial tendría su primera gran confrontación en los primeros quince años del siglo XIX con el proyecto imperial francés de Napoleón de dominar Europa. La invasión napoleónica de España dejaría sin regencia sus dominios en América Latina lo que impulsaría la posterior independencia de estos territorios inspirada en la independencia de EEUU de Gran Bretaña (1776), y supondría el fin del imperio español de más de tres siglos. La derrota definitiva en 1815 de Napoleón, dejaría a Gran Bretaña como el dominador casi absoluto del comercio marítimo global, ello unido a su liderazgo en la primera revolución industrial le convertiría en el imperio más poderoso durante los siguientes cien años.
El dominio colonial, con la excepción de los nuevos países americanos que quedaron bajo la tutela de EEUU, se extendería por Asia y África. Las naciones europeas se repartirían durante el siglo XIX el mundo, siendo Gran Bretaña y Francia quienes ocuparían más territorios. Sin embargo, la lucha entre las potencias europeas en suelo europeo por dominarse unas a otras continuó, pues el cambio de poder en Europa suponía que el dominio colonial cambiase de facto de dueño.
Esta lucha se acrecentó con el surgimiento de Alemania en la segunda mitad del siglo XIX como una nueva potencia europea, pero que disponía de muy pocos territorios bajo dominio colonial limitados a algunas regiones del África austral. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) supondría la mayor confrontación de los diferentes imperios europeos por el control absoluto del centro económico y administrativo mundial, en la que Alemania saldría derrotada. No obstante, el resurgimiento imperial de Alemania bajo el poder de los nazis, le llevaría a pretender de nuevo el dominio absoluto de Europa apostando por la derrota militar de Francia, Gran Bretaña y la URSS.
La derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) cambiaría el mundo. Las dos potencias victoriosas: EEUU y la URSS, establecerían un nuevo orden mundial en el que los viejos imperios coloniales europeos francés y británico quedaron relegados. Y, al igual que sucediera con el colapso del imperio español tras el vacío de poder en los territorios americanos por la invasión napoleónica de España, el eclipse imperial de Gran Bretaña y Francia después de la Segunda Guerra Mundial crearía un vacío de poder en las colonias bajo su dominio que favorecería el proceso descolonizador a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y daría lugar al conjunto de naciones actuales.
Con el nuevo orden mundial desapareció el modelo imperial colonial, pero éste sería reemplazado por un modelo neocolonial con dos centros globales: EEUU y la URSS. El dominio neocolonial, a diferencia del colonial, no mantiene una administración directa en los territorios ocupados, sino que se ejerce bajo la tutela de las potencias centrales en beneficio del país dominante. La URSS lo haría con los países del este de Europa y EEUU con los países latinoamericanos. Los intentos de algunos países por romper con sus respectivas metrópolis, llevaría a someterlos más férreamente, como lo hizo la URSS en la revuelta de Checoslovaquia en 1968, y EEUU con el apoyo a cruentos golpes militares en América Latina, como en Chile en 1973.
Tras la desaparición de la URSS en 1991, EEUU tendría el camino expedito para afianzarse como única potencia global. En la última década del siglo XX EEUU vio la oportunidad de someter a su tutela a los países de la antigua URSS. La desconfianza de la población de los países del este de Europa hacia Moscú fraguada durante toda la Guerra Fría le ha ido permitiendo incluir a estos países bajo su patrocinio, pero en el caso de Rusia la cuestión ha sido diferente. Los últimos años del siglo XX fueron para Rusia devastadores, el crack económico vino acompañado de riesgos reales de desmembración del país por élites de antiguos funcionarios enriquecidas bajo la URSS que aspiraban a crear sus propias repúblicas, para perpetuarse en el poder.
Esta situación comenzaría a cambiar en la primera década del siglo XXI. La unión de las clases populares y de la clase empresarial patriótica en torno a Rusia Unida y su carismático líder Vladímir Putin, le ha permitido a Rusia recuperar su plena soberanía y erigirse de nuevo como una potencia mundial. La recuperación de Rusia tras la postración en la que quedó después de la disolución de la URSS, ha sido la mayor derrota política geoestratégica que ha tenido EEUU en el presente siglo tras haber tenido casi todo el poder mundial en sus manos a finales del siglo XX, una cuestión que EEUU no termina de asumir habiendo convertido a Rusia en su principal adversario global.
Los hechos históricos han demostrado que en la estrategia de la dominación global la fortaleza de los dominadores es relativa a la debilidad de los dominados. La colonización durante más de 400 años por parte de las potencias europeas fue debido no solo a que tenían armas más sofisticadas que los pueblos a los que sometían, sino principalmente porque los mismos carecían de la fortaleza ideológica y política para constituirse en pueblos y naciones fuertes. La facilidad con la que España, Francia o Gran Bretaña sometieron a continentes enteros contrasta con la imposibilidad de mantener sus imperios cuando los pueblos se dotaron de la ideología y determinación política para constituirse en pueblos y naciones libres. La fuerza política de la descolonización hizo fuertes a los débiles, y con ello los fuertes perdieron gran parte de su poder.
En el periodo neocolonial del último medio siglo, la fortaleza de la corriente hegemónica del G7 se ha venido basando no solamente en su preponderancia económica y financiera, sino en la debilidad económica de las naciones sometidas al neocolonialismo, el cual, el G7 ha perpetuado para dejarlas ancladas económicamente como meros suministradores de materias primas y mano de obra barata.
Los proyectos para ofrecer una alternativa al neocolonialismo por parte de organizaciones internacionales como el Movimiento de los países no Alineados han tenido poca relevancia por su escaso peso e interconexión económica, pero el proyecto liderado por los BRICS tiene una sólida base económica pues concentra el 23% del PIB mundial, en comparación con el 12% en el año 2007, y han contribuido a más del 50% del crecimiento mundial desde esa fecha, cuestión que se ira acrecentando con el paso del tiempo, y en ese recorrido los débiles, van ganando en fortaleza.
La proyección de futuro de los BRICS solo puede ser el de su propio crecimiento económico y el de contribuir a la prosperidad de todos los países en desarrollo. En la medida que se avance en ese camino, la corriente hegemónica que ha afianzado su poder sobre la debilidad de los países en desarrollo perderá poder y vigencia, y el cambio en la composición del PIB global determinará a su vez un cambio en la arquitectura financiera y monetaria mundial actualmente bajo el control casi exclusivo del G7, lo que supondría, llegado ese momento, el declive irreversible de la corriente hegemónica.
Tras la cumbre de Xiamen la aspiración de las potencias emergentes y de los países en desarrollo para una prosperidad compartida ha cobrado un nuevo impulso. Al igual que sucedió con la descolonización ha comenzado un proceso imparable de cambio civilizatorio, esta vez hacia una relación equitativa entre naciones, de la que los BRICS tendrán que ser un buen ejemplo y precedente para que tal alternativa al modelo hegemónico, prospere.